Leer un diamante: las cuatro C sin jerga
Talla, color, pureza y quilates: en lenguaje sencillo.

Los informes de diamantes están pensados para gemólogos, no para quien elige un anillo. Los 4C siguen importando, pero no por igual. Así es como nuestros joyeros los interpretan cuando una piedra pasará a formar parte de una joya.
La talla es lo primero
Un diamante bien tallado devuelve la luz por la tabla: brillante, uniforme, vivo. Una piedra mal tallada, con el mismo color y claridad, sencillamente parece más apagada. La talla es el único factor que nunca debe sacrificarse, porque nada más puede remediarla.
El color, en claro
La escala va de D (incoloro) a Z (cálido). En oro blanco o platino, las gradaciones D a G se ven perfectamente blancas; en oro amarillo, una I o J puede lucir igual de luminosa a simple vista. Las piedras de color fantasía —champán, coñac, amarillo— siguen reglas distintas y se eligen por su carácter, no por su ausencia de color.
Claridad: el objetivo es limpio a ojo
Las inclusiones son huellas de la naturaleza y la mayoría son invisibles sin lupa. Una piedra SI que resulta limpia a simple vista, bien engastada y observada con luz de día, rinde como una impecable por una fracción de su precio. Examinamos cada piedra en persona en lugar de fiarnos de una nota en un papel.
El quilate es peso, no tamaño
El quilate mide masa. Dos diamantes de un quilate pueden parecer de distinto tamaño según la talla y la profundidad. Elija las proporciones que gusten a su ojo: una piedra más pequeña, tallada con maestría, brillará siempre más que una grande y apagada.
Si desea ayuda para leer un certificado o elegir una piedra para un encargo, nuestros diseñadores estarán encantados de asesorarle.
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